A traveler looking through a train window at green hills
B1Guided reading

La semana sin coche

The Week Without a Car

8 min reading
343 words

A commuter tests alternatives to driving, contrasting familiar routines with events during one week.

Tap a word for meaning, grammar, and pronunciation.

Select any word for its meaning, grammar, and pronunciation

Usaba el coche para ir al trabajo y también para comprar pan a tres calles de casa. Decía que no tenía otra opción, aunque la oficina quedaba a cuatro kilómetros. Una mañana, mi compañero Raúl me preguntó cuánto tiempo había pasado buscando aparcamiento. No supe responder, pero recordaba haber dado muchas vueltas. Esa conversación me animó a pasar una semana sin mi coche. No quería demostrar nada a nadie. Quería saber qué trayectos podía hacer de otra manera y cuáles resultaban realmente difíciles. Preparé una mochila y consulté los horarios del transporte público. El lunes caminé hasta la oficina. Tardé diez minutos más de lo habitual, pero encontré una calle con árboles por la que nunca pasaba. Llegué con tiempo y compré fruta al volver. Tuve que elegir menos cosas porque las llevaría en la mochila. Era una limitación pequeña, aunque me obligó a planificar. El martes llovió y tomé el autobús. Llegó tarde; después descubrí que las obras habían cambiado su recorrido. Antes aquel retraso me servía como argumento para abandonar la prueba. Esta vez pregunté al conductor y al día siguiente salí un poco antes. El viaje fue más sencillo. El jueves apareció un problema distinto. Tenía que llevar una caja pesada a una escuela. No podía cargarla andando ni colocarla en la bicicleta pública. Pedí un vehículo compartido y terminé el encargo. Pensé que usar un coche una vez no convertía toda la semana en un fracaso. El viernes hice las cuentas. Había gastado menos en combustible y aparcamiento, pero algunos trayectos me habían llevado más tiempo. Caminar me permitía observar el barrio; el autobús me dejaba leer. Ninguna alternativa servía para todas las situaciones, igual que mi coche tampoco evitaba el tráfico. Al terminar la semana, no lo vendí. Todavía lo necesito para ciertos viajes y para llevar objetos grandes. Lo que cambió fue mi rutina: ahora miro la distancia y pienso qué voy a transportar antes de buscar las llaves. Si puedo ir andando, lo hago. Descubrí que tener una opción cómoda no significa tener que elegirla siempre.